La ciudad padeció la guerra de los treinta años, y sufrió por las ambiciones francesas (la familia principesca había emparentado con los borbones) y la urbe fue devastada por tropas francesas e incendiada en 1689 y 1693.
En el siglo XVIII y XIX, Heidelberg fue un importante punto literario e intelectual, aunque el peso político había decaído. De hecho el Príncipe Elector pasó su residencia a Mannheim.
En la Segunda Guerra Mundial, Heidelberg no padeció los bombardeos aliados que destruyeron buena parte de las ciudades alemanas.